Seccionar un horno de rodillos: por dónde se empieza cuando la cocción cruza la nave entera

Seccionar un horno de rodillos: por dónde se empieza cuando la cocción cruza la nave entera

Un horno de rodillos es la pieza que ordena la geometría de una fábrica de baldosa. Entra por un extremo de la nave y sale por el otro, recorre decenas de metros en línea recta y obliga a que todo lo demás se coloque a su alrededor. Cuando la planta cesa, esa misma linealidad se convierte en la primera decisión técnica del encargo: un cuerpo tan largo se retira por tramos, y elegir el tramo por el que se empieza condiciona los días siguientes.

La escena habitual en la Plana Baixa es un horno frío desde hace meses, con la puerta de entrada abierta, los rodillos todavía puestos y la sensación engañosa de que aquello se resuelve con una radial y paciencia. La realidad es más ordenada y bastante menos ruidosa: lo primero que sale de un horno no es acero, es lo que hay dentro.

Qué queda dentro de un horno apagado

Aunque la producción terminase hace tiempo, en el canal suelen quedar piezas paradas a media cocción, tacos de apoyo, restos de material desprendido y polvo fino acumulado en el fondo. Se retiran a mano, tramo a tramo, con acceso por las portezuelas de servicio, y ese material se aparta desde el primer momento porque tiene su propia vía de salida. Vaciar el canal antes de tocar la estructura evita repartir residuo por toda la nave en cuanto se abren módulos.

En paralelo se comprueba el estado de los conductos, de las tomas de aire y de las trampillas de inspección, que es donde se acumula lo que nadie ve desde el pasillo. Un horno que se despieza limpio se trabaja al doble de velocidad que uno que va soltando material a cada corte.

Los rodillos salen uno a uno y se cuentan

La extracción de rodillos es la operación más repetitiva del encargo y la que más conviene hacer con criterio. Se sacan por los laterales, uno a uno, con las guías abiertas, y se clasifican mientras salen: los que conservan sección, rectitud y superficie tienen salida propia, y los que llegan al final de su vida útil se agrupan aparte. Contarlos y agruparlos por longitud y diámetro mientras se extraen ahorra un trabajo de clasificación posterior que, hecho después y en el suelo, cuesta jornadas.

Las cajas de rodamientos, los motorreductores por tramo, las cadenas y los piñones se retiran a continuación, ya con el canal despejado. Es también el momento de recuperar sondas, termopares y cableado de instrumentación, que salen mejor de uno en uno que arrancados con el conjunto.

La rampa de quemadores y el colector

El bloque de combustión se aborda con el suministro ya dado de baja y la línea interior purgada por quien corresponde, y su desmontaje sigue el orden inverso al de montaje: primero los quemadores de vena, después las tomas y los latiguillos, luego el colector y por último los soportes. Cada quemador se marca con su posición en el horno, porque un lote completo y ordenado tiene un valor muy distinto al de un montón de piezas sueltas en un palé.

Las electroválvulas, los presostatos, las rampas de seguridad y el armario de control se retiran como un conjunto identificable. Es material de instrumentación que se aprecia entero, con su cableado etiquetado y sus placas legibles.

Ventiladores, chimeneas y circuitos de aire

Alrededor del horno vive una instalación de aire que suele sorprender por su volumen: ventiladores de tiro y de enfriamiento, recuperadores de aire caliente, conductos de gran diámetro que suben a cubierta y chimeneas con sus registros. Los conductos se despiezan por tramos bridados antes de tocar los soportes, y todo lo que cuelga de estructura se baja con plan de elevación y con la zona inferior acotada.

Este bloque conviene resolverlo pronto, porque libera altura sobre el horno y deja la nave despejada para que la plataforma o la grúa trabajen después sin obstáculos por encima.

Cortar por módulos y sacarlo por la puerta que existe

La estructura se despieza aprovechando la propia modulación del horno, que está construido en tramos atornillados o soldados de longitud regular. La medida de referencia siempre es la misma: la puerta real por la que va a salir el material y el gálibo del vial. De ahí sale el tamaño de las piezas, y no al revés. Trabajar con esa medida en la cabeza evita el clásico bloque enorme y perfectamente inútil parado en mitad de la nave.

El corte se hace sobre material ya limpio y con la zona ventilada, con el revestimiento interior retirado previamente. Ese orden es el que permite trabajar con seguridad y el que mantiene separadas las fracciones que después viajan por vías distintas.

Lo que aparece debajo cuando el horno ya no está

Bajo la línea de cocción suele haber una bancada corrida, patas ancladas con placas y pernos, canaletas de servicio y algún foso de recogida. Todo eso queda a la vista el día que el último tramo sale por la puerta, y es justo lo que mira quien va a recibir el inmueble. Por eso se planifica desde el principio si la solera se restituye, si las canaletas se limpian o se ciegan y hasta dónde llega el acuerdo con la propiedad.

Documentar ese estado con fotografías, antes y después, cierra el capítulo del horno con la misma claridad con la que se abrió: contando lo que había.

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